La puesta en marcha de los Tratados de Libre Comercio, que ha derivado en un sostenido crecimiento de las exportaciones, las que según el Banco Central han generado un superávit de la balanza comercial de US$6.800 millones entre Enero y Septiembre del 2004, constituyen dos muestras del sólido camino que está emprendiendo Chile para alcanzar una posición relevante en el comercio internacional.
Sin embargo, se debe tomar conciencia de que el país está jugando una carrera de largo aliento, donde la industria nacional deberá afrontar una serie de desafíos y oportunidades para poder posicionarse definitivamente en el exterior sobre la base de la calidad de sus productos, la innovación y la competitividad de su mano de obra.
Una de las prioridades -tanto del ámbito público como privado- está en impulsar la masi-ficación y el uso productivo de Internet de banda ancha y las nuevas tecnologías infor-máticas y de telecomunicaciones como pilares estratégicos para modernizar actividades que antes eran vistas como secundarias.
En el caso de industrias más complejas, como la minería o la manufactura, ya se visualiza el aporte del Mantenimiento y la Gestión de Activos para tomar decisiones estratégicas en ámbitos como la adquisición de equipos, el control de inventarios y proveedores, la optimiza-ción de espacios físicos, la seguridad, el ahorro de energía y la preservación del medio ambiente, elementos que finalmente se traducen en ventajas competitivas claves.
Además, gracias al desarrollo de las telecomunicaciones -en especial de la telefonía celular, donde Chile es líder regional- irrumpe con fuerza la posibilidad de realizar operaciones desde dispositivos portátiles, lo que facilita el ingreso de la información y el control más preciso de los datos, sin importar la hora y el lugar desde donde se realicen.
Aspectos como los antes mencionados constituyen algunas de las tendencias iniciadas años atrás por países líderes en el ámbito industrial como Japón, Estados Unidos, Corea del Sur o las naciones de Europa Occidental. Esto les ha permitido imponer nuevos y cada vez más altos estándares que la industria nacional deberá equiparar rápidamente y así posicionar el “Made in Chile” como sinónimo de calidad y eficiencia.
Enero de 2005